A tí, Pelusa

A tí, Pelusa

Mi montura ligera,
mi compañera de noches bajo la lluvia,
mañanas apurada de hora y tardes de appeltaarts.
Mi Rocinante sin alma, sin patas ni pelo.
Mi burra sin más motor que el mío.
Tu regalo para mi nueva vida, ¡señoras! ha desaparecido.
Un yonki me ha robado la bici.

Y esto no pasó hoy, pero hoy me he acordado de ella y por ese motivo he atado mi sustituta con doble candado aún llegando yo 10 minutos tarde a trabajar.

Dedicado a tí, estés en el fondo del canal que estés, por siempre Pelusa.

Escalofrío

Belcebú, el mal, tu mayor miedo, tu peor pesadilla andaba suelto esa noche.  Debido a que alguien no cerró bien ella puerta, se coló en tu portal. Perdido y desorientado, poco a poco subía tu escalera.

Aquella noche te acostaste temprano, te lavaste los dientes con el cepillo eléctrico y eso te impidió oír el arrastrar de cadenas.

Se paró en el descansillo de tu casa, justo cuando tu te encontrabas al otro lado de la entrada. Belcebú, tu miedo, te huele y olfatea, sabe que estás ahí, lo sientes y si ve un hueco para entrar ten por seguro que siempre lo intenta. 

Ya en tu cama y con tu terror continuando ya su marcha por la escalera, decides levantarte y comprobar que la casa está bien cerrada.

Y es en ese momento en el que giras la manilla cuando compruebas asustada que la llave no está echada y sin querer abres unos escasos dos milímetros la puerta de la entrada. Justo entonces oyes su respiración y sin dudarlo, el miedo, se cuela en forma de escalofrío arrastrándose por tu espalda. 

Poesía de Domingos

Abro la ventana y, mientras tanto,
de tu boca se cae un verso. 
Me recitas en el hombro, 
en la nuca 
y en el hueco entre mi pómulo y el tabique de mi nariz.

Tu amor se siente como la tinta de los poetas, 

va y viene, como tu inspiración, 
viene y va, como tus musas. 

Te veo salir del cuarto a preparar el desayuno a tus hijos,

te veo y te siento feliz, felices, 
porque esta vez compones en mi casa,
reescribiendo nuestra historia, volviéndola a crear. 

Y es justo en el momento en el que recogemos los platos

de una mesa llena de migas y dinosaurios de goma, 
cuando noto que pierdes la rima, 
que la aliteración se te empieza a hacer pesada, 
que el siguiente encabalgamiento lo empezarás de nuevo
en una página nueva y que yo me veré, otra vez esperando 
volver a ser tu Norte.

Mordiéndome los celos porque sé que que las palabras 

las pondrá otra en tu boca. 
Aún así esperaré paciente, 
con el lado de tu cama hecho, 
para volver a tenerte y que dibujes primaveras
con tu tinta sobre mi espalda. 

Ya que sé que no es fácil

mantener siempre el ritmo
cuando se tararea entre dos.